Por Marcela Arach
“…Se acerca la Hora, se hiende la luna.
Si ven un signo, se apartan y dicen: « ¡Es una
magia continua!»
Desmienten y siguen sus pasiones. Pero todo está
decretado…”
El Corán-Sura1 54
Mariano y
Raúl comparten el silencio en la confitería El Molino, situado en el barrio de
Balvanera en la espera de ser atendidos; el primero observa las
columnas de mármol blanco glaciar, pequeñas mesas que no superan las cuatro
sillas, techos de estilo art noveau vanguardia de la belle epoque,
tan propio de lo imperante de los años
20, es el gusto de la decoración lujosamente
frívolo, pero un ámbito propicio para
conversar.
Mariano y
Raúl no están solos, cerca de ellos se encuentran una viejas copetudas, a
punto de iniciar el ritual del five
o’clock tea. Las cacatúas carecen de origen inglés, lo cual no es
relevante, ya que su condición social impone estos rituales. Mercedes tiene un
collar de perlas que está a punto de ahorcarla; ese buche no ha evitado ningún
postre. Catalina, la más actualizada de las tres comenta lo que vio en el
noticiero: -Por suerte los americanos van a sacar de Irak las armas químicas.
-Gracias
a Dios - dice Pía- Yo no sé ustedes,
chicas, pero a mí, me hace acordar cuando tuvimos que bombardear la
plaza, para echar a los cabecitas y acuérdense cuando metieron las patas en la
fuente. Hay individuos que nacen para ser exterminados.
Entra una
niña de ojos achinados a vender flores y Pía comenta: -Esta negrita, piensa que
uno no sabe que le gusta vivir sin trabajar. Seguro que también metería las
patas en la fuente.
El
derecho a la vida de esos lejanos iraquíes se discutía entre la degustación de
abundantes y cremosas masas, junto a la delicadeza de los meñiques
levantados.
Mariano
refiere lo oído de las paquetas y chillonas señoras. Él había oído en la
radio los comentarios del discurso de Bush, acerca de las armas químicas.
Mientras Raúl se acaricia el bigote, su amigo decide cortar el silencio.
El mozo
con amabilidad deja La Nación, no saben si los oyó o ve que tienen poco
diálogo; Mariano lee: -En las últimas horas, el gobierno de los Estados
Unidos, lanzó una ofensiva, por aire y por tierra, en Irak. El objetivo es
desmantelar el arsenal de armas químicas que posee Irak.
Mariano recuerda su infancia y los relatos de su
abuelo, quien había nacido en Damasco y su abuela de Yabrut...cuentos de pobreza marcados por
las invasiones turcas. Recordó en los relatos que Ali, su abuelo, había huído
por engañar a un jeque con una de sus esposas.
-
Estos tipos van por todo…-comenta Raúl.
Quizá por
la tensión del encuentro, Mariano hizo que su mente se transportara
a los hechos. Los recursos para evitar lo que está cerca nuestro son tan raros,
la mente es un gusano traicionero que a veces la juega de mariposa. Mariano
imagina el desierto y una familia que no es la suya, pero pudiera haber sido y
como en un cine, queda absorto.
“Salah,
mi sobrino mayor, dijo que esta tarde llegarían. Ambos fuimos hasta
el centro de Basora a buscar agua y provisiones. Una tormenta de arena se
desató en el camino. En el centro de la ciudad, la gente gritaba y se disputaban
las sobras, los soldados del ejército, fumaban en las terrazas. Conseguimos
algunas conservas, un colchón y unos bidones de agua. Nada más se podía
encontrar allí. Una vez que teníamos los víveres regresamos a
casa, en las afuera de Basora, donde encerré a Marian, mi
esposa y a mis hijos en el sótano. Los adultos permanecimos en la superficie,
el sol empieza caer. Salah y yo esperamos a que ellos lleguen. Sólo
queremos entregarnos. En el sótano… los niños están inquietos. Se han escuchado
unas detonaciones a lo lejos, y oímos pasar aviones yanquis sobre nosotros.
Dijo la radio por momentos conectada que los soldados norteamericanos
están disparando contra todo a su paso, pero la emisión tiene intermitencia”.
Mariano
dibuja en su mente una inmensa luna, y desea que los haga
invisibles. .
-¡Che, Mariano!
¡Volvé a la tierra! Siempre en Valencia.
El
llamado de Raúl no impide que siga imaginando. Ahora el desierto empezó a oír
las voces del sótano.
“Papá
y Salah se fueron –dijo el pequeño Dimo- nos dijeron que estemos tranquilos; no
es fácil, porque escuchamos ruidos y el sótano es oscuro. Nos dieron órdenes
pero no nos explicaron. Sabemos que el encierro no es por tormentas, no
estaban armados y yo creo que no iban a pelear. ¿Será una guerra?…yo
quiero ser soldado, le dije a papá pero él dice que soy chico.
Parece que lo escuchará “Usted no jabibi 2, es chico”. Creo que papá
piensa que tengo miedo, no es cierto. Soy valiente y quiero ayudar. El sótano
es para las mujeres, no para los hombres. Por lo menos voy a cuidar a mis
hermanos acá. La alarma antiaérea del cuartel, que se encuentra a
unos kilómetros, se ha vuelto una constante molestia. Mamá y mis hermanos
duermen. Sólo yo estoy despierto. Las cabras están muy inquietas, y tuvimos que
atarlas a todas. Ya amanece. Escuchamos el ruido de aviones que se acercan.
Oigo bombas. Todo estará bien. Enseguida van a bajar… la radio funciona…
anuncia que los yanquis están en Basora… mamá comienza a llorar y la apaga”.
-Señores,
su pedido. Y el aroma del expres porteño, trae a Mariano de nuevo a la ciudad.
Mientras tanto, las chicas en El Molino.,
devoran para olvidar las horrendas imágenes de aquella
cabecitas negras.
Mariano melancólico, le comenta a Raúl:- ¿Te imaginas
que te caigan los aviones, los misiles, los marines? No, hermano, ni idea
tenemos de eso.
Raúl ni
contesta, para él, el universo no va más allá de su imagen, que no pierde
oportunidad de mirar en los miles de pulidos vidrios.
Raúl se
toma el vasito de soda y da una larga pitada a su cigarro. Luego examina los
ojos de Mariano, que nervioso tamborillea sus dedos sobre el mantel. Se echa
hacia atrás en la silla, y abre sus ojos entornados hasta el momento.Raul termina
su cigarro, inspira y pregunta: -¿decime la verdad ¿vos te coges a mi mujer?
Mariano, irritado
ante las miradas de las señoras decentes, grita: ¿Qué miran viejas de mierda?,
¿no saben lo que pasa en Irak?
Exhaló y miró a Raul diciéndole: - ¿Te conté
alguna vez por qué mi abuelo se fue de Arabia?…
1) Sura:
Sección del Corán que contiene una revelación.
2)
Habibi: Fonéticamente se aspira la “h” y significa querido, del árabe.
