domingo, 22 de diciembre de 2013

Agua del desierto

             
                                                              Por Marcela Arach
“…Se acerca la Hora, se hiende la luna.
Si ven un signo, se apartan y dicen: « ¡Es una magia continua!»
Desmienten y siguen sus pasiones. Pero todo está decretado…”
                      El Corán-Sura1 54
Mariano y Raúl comparten el silencio en la confitería El Molino, situado en el barrio de Balvanera en la espera de ser atendidos; el primero observa  las  columnas de mármol blanco glaciar, pequeñas mesas que no superan las cuatro sillas, techos de estilo art noveau vanguardia de la belle epoque, tan propio de lo imperante de los  años 20, es el  gusto de la decoración lujosamente frívolo, pero  un ámbito propicio para conversar.
Mariano y Raúl no están solos,  cerca de ellos se encuentran una viejas copetudas, a punto de iniciar el ritual del  five o’clock tea. Las cacatúas carecen de origen inglés, lo cual no es relevante, ya que su condición social impone estos rituales. Mercedes tiene un collar de perlas que está a punto de ahorcarla; ese buche no ha evitado ningún postre. Catalina, la más actualizada de las tres comenta lo que vio en el noticiero: -Por suerte los americanos van a sacar de Irak las armas químicas.  
-Gracias a Dios - dice Pía- Yo no sé  ustedes,  chicas, pero a mí, me hace acordar cuando tuvimos que bombardear la plaza, para echar a los cabecitas y acuérdense cuando metieron las patas en la fuente. Hay individuos que nacen para ser exterminados.
Entra una niña de ojos achinados a vender flores y Pía comenta: -Esta negrita, piensa que uno no sabe que le gusta vivir sin trabajar. Seguro que también metería las patas en la fuente.

El derecho a la vida de esos lejanos iraquíes se discutía entre la degustación de abundantes y  cremosas masas,  junto a la delicadeza de los meñiques levantados.
 Mariano refiere lo oído de las paquetas y chillonas señoras. Él había oído en la radio los comentarios del discurso de Bush, acerca de las armas químicas. Mientras Raúl se acaricia  el bigote, su amigo decide cortar el silencio.
-Andá a saber, además ¿cuánto es verdad de todo esto? porque acá llega todo por CNN, que es como la voz de ellos.
El mozo con amabilidad deja La Nación, no saben si los oyó o ve que tienen poco diálogo; Mariano lee: -En las últimas horas, el gobierno de los Estados Unidos, lanzó una ofensiva, por aire y por tierra, en Irak. El objetivo es desmantelar el arsenal de armas químicas que posee Irak.

Mariano recuerda su infancia y los relatos de su abuelo, quien había nacido en Damasco y su abuela  de Yabrut...cuentos de pobreza marcados por las invasiones turcas. Recordó en los relatos que Ali, su abuelo, había huído por engañar a un jeque con una de sus esposas.
-  Estos tipos van por todo…-comenta Raúl.
Quizá por la tensión   del encuentro, Mariano hizo que su mente se transportara a los hechos. Los recursos para evitar lo que está cerca nuestro son tan raros, la mente es un gusano traicionero que a veces la juega de mariposa. Mariano imagina el desierto y una familia que no es la suya, pero pudiera haber sido y como en un cine, queda absorto.
“Salah,  mi sobrino mayor, dijo que esta tarde llegarían. Ambos fuimos hasta  el centro de Basora a buscar agua y provisiones. Una tormenta de arena se desató en el camino. En el centro de la ciudad, la gente gritaba y se disputaban las sobras, los soldados del ejército, fumaban en las terrazas. Conseguimos algunas conservas, un colchón y unos bidones de agua. Nada más se podía encontrar allí. Una vez  que teníamos  los víveres regresamos a casa, en las afuera de Basora, donde  encerré a  Marian, mi esposa  y a mis hijos  en el sótano. Los adultos permanecimos en la superficie, el sol empieza caer. Salah y yo esperamos  a que ellos lleguen. Sólo queremos entregarnos. En el sótano… los niños están inquietos. Se han escuchado unas detonaciones a lo lejos, y oímos pasar aviones yanquis sobre nosotros.  Dijo la radio por momentos conectada que los soldados norteamericanos están disparando contra todo a su paso, pero la emisión tiene intermitencia”.
Mariano dibuja en su mente una inmensa  luna, y desea que los haga  invisibles. .
-¡Che, Mariano! ¡Volvé a la tierra! Siempre en Valencia.
El llamado de Raúl no impide que siga imaginando. Ahora el desierto empezó a oír las voces del sótano.
“Papá  y Salah se fueron –dijo el pequeño Dimo- nos dijeron que estemos tranquilos; no es fácil, porque escuchamos ruidos y el sótano es oscuro. Nos dieron órdenes pero no nos explicaron. Sabemos que el encierro  no es por tormentas, no estaban armados y yo creo que no iban  a pelear. ¿Será una guerra?…yo quiero ser soldado,  le dije a papá  pero él dice que soy chico. Parece que lo escuchará “Usted no jabibi 2, es chico”. Creo que papá piensa que tengo miedo, no es cierto. Soy valiente y quiero ayudar. El sótano es para las mujeres, no para los hombres. Por lo menos voy a cuidar a mis hermanos acá. La alarma antiaérea del cuartel, que se encuentra  a unos kilómetros, se ha vuelto una constante molestia. Mamá y mis hermanos duermen. Sólo yo estoy despierto. Las cabras están muy inquietas, y tuvimos que atarlas a todas. Ya amanece. Escuchamos el ruido de aviones que se acercan. Oigo bombas. Todo estará bien. Enseguida van a bajar… la radio funciona… anuncia que los yanquis están en Basora… mamá comienza a llorar y la apaga”.
-Señores, su pedido. Y el aroma del expres porteño, trae a Mariano de nuevo a la ciudad. Mientras tanto, las chicas en El Molino., devoran para olvidar las horrendas imágenes  de aquella cabecitas negras.
Mariano  melancólico, le comenta a Raúl:- ¿Te imaginas que te caigan los aviones, los misiles, los marines? No, hermano, ni idea tenemos de eso.
Raúl ni contesta, para él, el universo no va más allá de su imagen, que no pierde oportunidad de mirar en los miles de pulidos vidrios.
-Mariano, no entremos en la misma. Acá no nos juntamos para hablar de los iraquíes ¿qué nos importa?
-Bueno, era por sacar tema nomás. Si no, siempre terminamos hablando del banco o de fútbol…quise sacar algo de charla.
-Necesito que me contestes una pregunta, pero que me digas la verdad.
-  Vos sabés que yo no te miento y no te escondo nada, hermano.
Raúl se toma el vasito de soda y da una larga pitada a su cigarro. Luego examina los ojos de Mariano, que nervioso tamborillea sus dedos sobre el mantel. Se echa hacia atrás en la silla, y abre sus ojos entornados hasta el momento.Raul termina su cigarro, inspira y pregunta: -¿decime la verdad ¿vos te coges a mi mujer?
Mariano, irritado ante las miradas de las señoras decentes, grita: ¿Qué miran viejas de mierda?, ¿no saben lo que pasa en Irak?
 Exhaló y miró a Raul diciéndole: - ¿Te conté alguna vez por qué mi abuelo se fue de Arabia?…

1) Sura: Sección del Corán que contiene una revelación.

2) Habibi: Fonéticamente se aspira la “h” y significa querido, del árabe.

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