Por Marcela Arach
“…Se acerca la Hora, se hiende la luna.
Si ven un signo, se apartan y dicen: «¡Es una magia
continua!»
Desmienten y siguen sus pasiones. Pero todo está decretado…”
El Corán-Sura 54
Salah, mi sobrino mayor, dijo que esta tarde llegarían.
Ambos fuimos hasta Basora a buscar agua y provisiones. Una tormenta de arena se
desató en el camino, tardamos muchas horas en llegar. En el centro de la
ciudad, la gente gritaba y se disputaba las sobras, los soldados del ejército
fumaban meditabundos sobre las terrazas. Conseguimos algunas conservas, un
colchón y unos bidones de agua, nada más se podía encontrar allí. Una vez aquí,
encerré a los niños y a Mariam en el sótano. El sol empieza caer. Salah y yo
esperamos que ellos lleguen. Sólo queremos entregarnos, Salah habla inglés y va
a intentar negociar con ellos.
-En las últimas horas,
el gobierno de los Estados Unidos, lanzó una ofensiva por aire y por tierra en
Irak. El objetivo es desmantelar el arsenal de armas químicas que posee el
régimen de Sadam Husseim- dice el locutor de CNN.
Mariano y Raul comparten en silencio una mesa del London en
Perú y Avenida de mayo. Discurren junto a ellos dos señoras mayores que toman
té. Mariano mira el televisor detrás de Raúl. En un canal de noticias, se
muestra el airado discurso de Bush: irán por las armas químicas de Irak. Raúl
se atusa el bigote y decide cortar el silencio.
-¿Viste eso? Los yanquis necesitan petróleo y siempre le
terminan cayendo a los árabes.
-Sí, mirá que acá la mano está dura, pero lo de estos tipos
es terrible. Yo creo que el atentado se lo hicieron ellos mismos…
Papá y Salah se
fueron, nos dijeron que estemos tranquilos, no es fácil porque escuchamos
ruidos y el sótano es oscuro. Nos dieron órdenes pero no nos explicaron,
sabemos que esto no es por tormentas, no estaban armados y yo creo que no
iban a pelear.
Las viejas se levantan. Mariano y Raúl se terminan el corto
café, que se enfrió por los minutos que llevan hablando de lo ajeno.
-Andá a saber además, cuánto sabemos de todo esto, porque
acá llega todo por CNN que es como la voz de ellos.
- Ni hablar, estos tipos prefieren que no sepamos nada. Les
bastó con que los milicos nos lavaran la cabeza. Acá de eso no se habla. Salvo
algunos troskos que no tienen público.
- Van por todo…
Los niños están inquietos. Se han escuchado unas
detonaciones a lo lejos y vimos pasar aviones yanquis sobre nosotros. Antes del
anochecer, recibí un llamado de Alí, el padre de Salah. Él está en Basora y me
pidió que cuide de su hijo. Dijo que los soldados norteamericanos están
disparando contra todo a su paso, luego la comunicación se cortó. Salah hace té
y ambos miramos el cielo estrellado. Mientras la luna nos sea propicia, tenemos
la ventaja de ser invisibles.
¿Con quién? Será una guerra…yo quiero ser soldado, papá dice
que soy chico, usted no querido, me dice .Yo creo que piensa que tengo miedo
pero eso no es cierto .Soy valiente y quiero ayudar el sótano es para las
mujeres no para los hombres .Por lo menos voy a cuidar a mis hermanos acá.
Quizás sea el final. La alarma antiaérea del cuartel a unos
kilómetros se ha vuelto una constante perturbación a la paz de la madrugada.
Mariam y los niños duermen. Sólo Salah permanece en la vigilia con nosotros.
Las cabras están muy inquietas y hemos tenido que atarlas a todas. Ahora,
cuando nace el alba, vemos una cuadrilla de aviones que se acerca.
Un muchacho negro entra con una valija llena de bisutería y
relojes, se pasea con una ancha sonrisa blanca. Mariano y Raúl lo rechazan con
amabilidad.
-Habrá que ver qué pasa con el dólar. Acá estábamos en
llamas, pero ¿te imaginás que te caigan los aviones, los misiles, los marines?
No, hermano, ni idea tenemos de eso.
Mariano mira por la ventana y se desajusta el botón detrás
de la corbata. Exhala largamente y mira a los ojos a Raúl.
-Raúl, no entremos en la misma. Acá no nos juntamos para
hablar de los irakíes ¿qué nos importa?
-Bueno, era por sacar tema nomás. Si no, siempre terminamos
hablando del banco o de fútbol…quise sacar algo de charla.
-Necesito que me contestes una pregunta que me cayó peor que
los misiles…pero que me digas la verdad.
-Mariano, vos sabés que yo no te miento y no te escondo
nada, hermano.
Oigo bombas, recuerdo
las órdenes, no debemos dejar el sótano, todo está bien enseguida van a bajar.
La radio empieza andar después que mi
hermana probara por horas…anuncia que los yanquis están en Basora, mamá
comienza a llorar y la apaga.
Mariano se toma el vasito de soda y da una larga pitada a su
cigarrillo. Luego examina los ojos de Raúl que nervioso sacude sus dedos sobre
el mantel. Se echa hacia atrás en la silla y abre sus ojos entornados hasta el
momento.
-Raúl, decime la verdad ¿vos te cogiste a mi mujer?
Un mozo se acerca al
televisor y le saca el sonido.
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